El Delta luminoso

Desde los albores del funcionamiento efectivo de la Orden, como así también desde su institucionalización, el reconocimiento de un Principio creador, integrador o superador, más allá del humano, ha sido una de las bases que sustentan el simbolismo e ideario masónico. El delta luminoso es uno de los símbolos que permite evocar este principio.

Además de la escuadra y el compas, el delta luminoso es con seguridad el símbolo que más está asociado con la masonería, aunque prestándose en muchas ocasiones a confusiones con otros grupos como los Iluminados de Baviera — entre quienes el símbolo del delta es solamente supuesto y no comprobado — , o siendo excusa para el afloramiento de una multiplicidad de teorías sin sustentos sólidos, sino en literatura tendenciosa o de mera esencia ficcional. En realidad, el delta luminoso encierra un potente mensaje simbólico e iniciático, reinterpretado por diversas tradiciones a lo largo de la historia.

La luz ha sido símbolo mayoritario en varias partes del mundo, desde Egipto hasta la península indostánica, como arquetipo simbólico de la revelación y la manifestación

Es evidente que este símbolo es complejo, puesto que no solo contiene el simbolismo del triangulo en sí mismo, sino que agrega el del ojo, y uno de los más gravitantes para la masonería como es la Luz.

En principio, el triangulo es una figura que desde tiempos inmemoriales ha sido patrimonio de distintas cosmovisiones, habiendo sido estudiado, por ejemplo, por los pitagóricos en su concepción de Tetrakys. El ojo, en tanto, es el órgano evidentemente relacionado con la luz y su percepción, y retomado como símbolo para la apreciación de la misma en términos no solamente sensitivos. La luz ha sido símbolo mayoritario en varias partes del mundo, desde Egipto hasta la península indostánica, como arquetipo simbólico de la revelación y la manifestación, el Intelecto Creador, el bien, e incluso está presente en la Biblia en el Evangelio de Juan donde se describe a Dios como “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre (…)” (Juan, 1:9).

Es importante destacar esto, ya que en el delta luminoso confluyen elementos que en conjunto conforman un símbolo superador a las partes que, independientemente, pueden ser interpretadas de distintas maneras, pero unidas generan otro mensaje.

René Guenón explica en su obra Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada que el Delta Luminoso “es uno de los símbolos comunes al cristianismo y la masonería (…), en el cual está inscripto el tetragrama hebreo (…) y en ocasiones reemplazado por ‘el Ojo que todo lo ve’”. Esta figura triangular ocupa siempre un lugar de preeminencia, un lugar central. Sea el yod hebreo –como símbolo del germen primigenio — , o conteniendo un ojo que no es derecho ni izquierdo, sino un ojo más allá de las dimensiones espacio-temporales, evocando un “eterno presente” que, en palabras del filosofo francés, se pueden dar interpretaciones no iguales aunque si cercanas. Ese eterno presente que evocaría el ojo puede ser contenido en el triangulo con el vértice hacia arriba, simbolizando el principio creador, o con el vértice hacia abajo, representando la manifestación de ese principio. Así, el ojo implica notoriamente la idea de centralidad en el todo, de presencia universal, de “visión”, es decir conocimiento, aunque refiriendo a una visión más allá de la física o empírica, pudiendo implicar una racional o intelectual.

Delta luminoso con el Tetragrama en su centro. Detalle de la Iglesia de Notre-Dame de Guebwiller, Francia.

Más allá de los detalles que el símbolo puede adoptar en sus distintas representaciones, sin dudas permite pensar en el anclaje y la tendencia hacia un elemento superador, tanto como origen sustentador, como así también a un fin al que propender.

Representación de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789). Encabezada por el Delta luminoso, presenta al ojo como evocación de la divinidad en la que se fundan los derechos universales y de los que es a su vez fuente y garante.

Como tradición fundamental para Occidente, para la tradición cristiana primitiva, este símbolo refiere al misterio de la trinidad, aludiendo a la omnisciencia y omnipresencia de Dios; y a su vez ligando el monoteísmo abrahamico con influencias de tradiciones paganas basadas en estructuras triádicas, como la egipcia Osiris-Horus-Isis, entre otras tantas. Aun así, cabe destacar que otras tradiciones cristianas rechazan de plano la noción trinitaria, e ignoran este símbolo.

“Trinidad trifacial”, autor anónimo. Ubicada en el Convento de San Diego, México. Representación de la triple hipostasis. En el vértice superior se aprecia un triangulo dorado relacionado con la divinidad.

La anterioridad de la noción triádica a la tradición cristiana es destacada por Manly Palmer Hall en Las enseñanzas secretas de todos los tiempos, en donde explica que:

“El principio de una divinidad trina no es exclusivo de la teología cristiana ni de la mosaica, sino que constituye una parte notoria del dogma de las principales religiones, tanto antiguas como modernas. Los persas, los hindúes, los babilonios y los egipcios tenían sus propias trinidades, que, en lodos los casos, representaban las tres formas de la inteligencia suprema.” (Hall, 1928)

En base a esto, es difícil precisar el origen del símbolo, aunque sin dudas aúna elementos y desarrollos alrededor de conceptos similares.

De esta forma, la masonería, como receptáculo de las más antiguas y diversas tradiciones y escuelas iniciáticas, recupera este elemento común a varias culturas del mundo, pudiendo sintetizar en un símbolo de riquísimo contenido como el Delta luminoso, una idea sumamente compleja y de incalculable relevancia en para la identificación existencial humana.

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